El último festival cinematográfico al que ha sido invitada nuestra película es un pequeño
encuentro de cine ambiental llamado Voces y organizado de manera independiente en Bogotá, Colombia. No sabemos cómo conocieron
Temps d'aigua y se pusieron en contacto con nosotros para participar. El lema que manejan este año es: "tu indiferencia es tu ignorancia" (Boikot). No tienen dinero para invitarnos a viajar, ni siquiera para costear los portes de la película, así que le hemos pagado nosotros el viaje y ésta viajará sola, haciendo bueno el dicho de que las películas tienen su propia vida, una vida seguramente precaria, casi anónima, al menos películas como la nuestra, tan marginales y entregadas a conciencia a un deseo de descubrimiento y desaparición.
Los festivales de cine son instituciones extrañas. Existen actualmente muchos formatos de festivales, pero en casi todos ellos se trata de muestras masivas de películas organizadas en torno a diversas categorías temáticas y a las mismas claves competitivas. No parece ser el caso de la propuesta de
Voces, pero en general los festivales se sustentan en torno a la noción de "competición" y a unos cuantos "premios" que ofician el contemporáneo ritual secular de los "protagonismos" culturales. La puesta en escena teatral de esos rituales del reconocimiento público (las llamadas galas, las ruedas de prensa, las alfombras rojas, etc) repiten prácticamente los mismos protocolos escénicos que los peores programas de televisión. En vez de promocionar diálogos entre cineastas o foros de producción o de debate, lo que se organizan en la mayoría de festivales internacionales de cine son auténticos escaparates competitivos de rivalidad casi deportiva, mercados abiertos al exhibicionismo espectacular de los estereotipos mentales y las rivalidades publicitarias.